Que el estafador electoral no asistiera al funeral de Huelva, ni al de Madrid sin nada que hacer ayer, se entiende por ser una persona radicalizada, sectaria, sin respeto a más de la mitad de la población, cobarde y sin escrúpulos.
Pero que el líder del tercer partido del Parlamento no acudiera, formando pinza con el antedicho, no tiene justificación.
Al final va a ser verdad que se necesitan mutuamente para conseguir sus objetivos.
Mala cosa, sin duda.

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Su objetivo es que el estafador electoral pague sus fechorías y responda ante la justicia y ante los ciudadanos.
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